Al parecer la sociedad conoce todo lo que debe saber sobre la osteoporosis, pero aún es frecuente encontrar personas que la consideran una enfermedad exclusiva de mujeres y ancianos. Incluso, prestan poca atención a las medidas que ayudarían a prevenir el mal, como la práctica regular de gimnasia o la revision médica peródica.
Dentro de algunos aspectos epidemiológico, la osteoporosis es una de las osteopatías metabólicas más frecuentes; a partir de los sesenta y cinco años, 15 % de las mujeres son afectadas por el proceso, proporción que se incrementa en forma paulatina con el avance de los años. Clásicamente, la osteoporosis se observaba en especial en aquellas mujeres que han amamantando en varias oportunidades o en pacientes con dietas deficientes en calcio y vitaminas D, junto con una escasa exposición a la luz solar. Después de la quinta década de la vida, la osteoporosis puede adoptar dos formas diferentes: una de ellas afecta a mujeres de cincuenta a sesenta y cinco años y se acompaña con fracturas vertabrales o de las muñecas, por alteración del hueso trabecular. La otra forma se presenta tanto en hombres como en mujeres por encima de los sesenta y cinco años y se relaciona con fracturas de cuello de fémur, húmero o tibia, dependiendo de la disminución del hueso trabecular y cortical. En ambos grupos el defecto depende principalmente de un déficit en la formación ósea durante el proceso de remodelación.
Se han propuesto diferentes hipótesis para explicar la aparición y el desarrollo de la osteoporosis; que se corresponderían con aquellas alteraciones agrupadas en:
- Constitucionales y genéticas.
- Alimentarias
- Hormonales
- Locales
La osteoporosis, llamada también "epidemia silenciosa", es un problema de salud pública cuya particularidad es que no tiene síntomas hasta que se producen las fracturas, las cuales pueden ser causa de invalidez, dolor, sufrimientos intensos y, en muchos casos, la muerte. Las estadísticas en los Estados Unidos indican que 40 % de las mujeres y 20 % de los hombres de 60 años o más padecen la enfermedad (esto es, alrededor de 25 millones de personas), lo cual ocasiona un millón y medio de fracturas al año, con un costo aproximado a los 10 millones de dólares. En los países de América Latina no hay estudios epidemiológicos que evalúen la magnitud del problema.
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